Allá por el 2003, después de varios
años de recopilar y clasificar la información oficial y extraoficial que
encontré con arduas dificultades y de someter casi a interrogatorio a
mis amistades más… especiales, digamos, escribí la novela
“Tetragrammaton”. Una novela de la que apenas se han vendido unos miles
de ejemplares, porque sólo se comercializa en algunas librerías de
Internet y en mi propio sitio web, y, además, únicamente en formato
e-book.
En ella, a través de una trama de…
suspense, digamos, pongo al alcance de los lectores cómo se organiza el
concierto mundial, qué organizaciones se emplean (“los relojeros de la
Historia”, les llamo a los miembros de Tetragrammaton) para producir el
bien tangible de la paz y la guerra, la formación y la in-formación
(no-formación) y qué se esconde en los propósitos de la elite dirigente,
desembocando el argumento en un próximo fin del mundo, tal y como le
conocemos, a causa de la irrupción en nuestro entorno cósmico inmediato
de un invitado largamente esperado por algunos, descrito por nuestros
ancestros más remotos y anunciado para estos tiempos por muchos profetas
y libros sagrados: Nibiru.
Recientemente, tal vez como maniobra de
diversión o de dispersión, o aún como culmen de distintas las películas
extremadamente taquilleras proyectadas en los cines de todo el mundo en
los últimos años avisándonos subrepticiamente con guiños de una
catástrofe venidera, como “Deep Impact”,” Armageddon”, “2012”, etc., un
poco o nada conocido científico ruso dice que descubrió en diciembre del
año pasado un cometa insignificante, de menos de cinco kilómetros de
diámetro, y que actualmente está muy de moda en toda la Red, la cual
arde con noticias al respecto a cuál más catastróficas para este mismo
otoño de 2011: Elenin, o C2010 X1 en su nomenclatura astronómica.
Lo uno y lo otro, al fin al cabo, puede
parecer algo de lo más normal. Nada hay de extraño en que un escritor
utilice, por ejemplo, la obra de Zecharia Sitchin “El duodécimo planeta”
para urdir una novela catastrofista, y tampoco hay nada de raro en que
un astrónomo que se pasa buena parte de su tiempo observando el universo
descubra un nuevo cometa en un espacio cuajado de ellos, o que la Red
arda con lo que sea, que nunca faltaron ni negros augures, ni fines del
mundo anunciados, ni alarmistas por doquier. No lo hay… o sí. Analicemos
un poco ambos asuntos.
En cuanto a mi novela no surgió así
porque sí, sino que, por una parte, fue consecuencia de mi fascinación
por los sumerios y el origen de la especie humana, en un aparente brote
espontáneo que ningún científico ha sabido explicar convincentemente y
que curiosamente no se ha vuelto a repetir en la Historia; y, por otra,
de cierta información que entonces llegó a mis manos (u oídos y ojos) y
que en aquellos años era todavía muy restringida. Omitiendo aquí nombres
propios extranjeros, cargos en Instituciones y nombres de universidades
(el lector interesado sabrá encontrar las fuentes, o bien hallar
sobradas referencias en mi novela), sintetizaré sucintamente el asunto:
desde siempre la Iglesia Católica ha ido muy por delante en todo cuanto
se refiere a la mayoría de las disciplinas del conocimiento, no siendo
ajena en absoluto a los más punteros avances en materias tales como
Matemáticas o como Astronomía. En Astronomía, concretamente ya que es lo
que nos interesa, la misión le fue encargada históricamente a los
jesuitas, y desde la Torre de los Vientos, primero, y desde
Castelgandolfo, después, se empeñaron en escudriñar y mapear el universo
conocido, quién sabe si previniendo a la estrella Ajenjo que anuncia el
Apocalipsis. Sea como fuere, algo debieron descubrir para que en 1981
fundaran el observatorio VORG en Tucson, Arizona, y algo verdaderamente
grave, ya que dieron inicio al programa “Secretum Omega”. Como
consecuencia de estos descubrimientos y observaciones poco precisas
mediante telescopios (perturbaciones en el Cinturón de Oort, Neptuno,
Urano, Saturno, etc, que anunciaban un cuerpo especial particularmente
masivo extrarradios del Sistema Solar, el misterioso Planeta X o
décimo), dentro del habilitado programa Secretum Omega la Iglesia
financió con su consabida discreción la construcción de la sonda Siloé,
la cual fue puesta en órbita por una aeronave Aurora en 1982. Lo que
constataron visualmente, fotografiado y filmado, fue algo mucho más
estremecedor de lo que habían previsto en sus cálculos. Alarmada la NASA
por el tradicional secretismo de la Iglesia, y dado que el elevado
costo de la misión sólo podía justificarse con un descubrimiento
excepcional, debidamente informados por sus servicios secretos los EEUU
lanzaron en 1983 su propia sonda, la IRAS, que llegó a fotografiar y
filmar el mismo cuerpo celeste, cuya noticia, en primera instancia,
ocupó la portada de los periódicos más prestigiosos del mundo (puede
comprobarse en las hemerotecas): un planeta de un enorme tamaño que,
hechos los debidos cálculos, se dirigía directamente hacia el centro del
sistema solar, teniendo su perihelio entre el Sol y la Tierra…
precisamente para el próximo año. No en vano su nombre sumerio, Nibiru,
significa “El planeta del cruce”. Una certeza que justificó una
astronómica inversión por parte del Vaticano para construir en 1993 el
observatorio TATA (VATT, en sus siglas en inglés, que significan
Telescopio Astronómico de Tecnología Avanzada) en Monte Graham, Arizona,
y al Ejército de los EEUU hacer lo propio con el SPT de infrarrojos en
la Antártida, región a la que hoy es imposible acceder sin el permiso y
presencia del Ejército de los EEUU, y mucho menos hacer observaciones
astronómicas sin su control, porque el planeta Nibiru se aproxima al Sol
por debajo de la eclíptica, en un ángulo de aproximadamente -45º. No
obstante esto, ha de saber el lector que ningún observatorio del mundo
funciona hoy por libre, sino que todos los observatorios del mundo están
coordinados y regulados en su ocupación, y, en consecuencia, cualquier
observación astronómica “oficial”, hoy por hoy, está programada en forma
global y quien autoriza quién y qué observa, básicamente, son los EEUU
y, en particular, El Club.
El caso es que este planeta recién
descubierto por la Iglesia, primero, y los EEUU, después, no sólo
coincidía con las teorías de Zecharia Sitchin, sino también con las
descripciones del Libro Kolbrin (o Biblia Kolbrin) y con innumerables
relatos transmitidos por las más disímiles culturas. Fue llamado el Gran
Destructor por el Libro Kolbrin, Gung-Gung o el Dragón Rojo por los
relatos chinos, Quetzaqual por los mayas, Shiva el Señor del Cielo por
los indostaníes, Gran Fénix por los fenicios, Kachina por los Hopi y
Ajenjo por la Biblia, entre otros muchos nombres y culturas. Un planeta
de una masa muchas veces la de la Tierra, el cual parece ser que viene
acompañado de numerosas lunas y de una cantidad de escombros tal que,
años después, en 1997, el padre Malachi (una de las mayores autoridades
en Astronomía de la Iglesia), preguntado sobre si la llegada de Nibiru a
las proximidades de la Tierra podría producir una gran mortandad entre
los humanos, respondió que “Es mucho peor que eso: es peor de lo que
pueden llegar a imaginar.”
La noticia, sin embargo, a partir de
1983, lejos de potenciarse o ser seguida con interés debido a las
consecuencias que podría tener para la Tierra, despareció de los medios
de comunicación como por arte de magia. Sin embargo, es a partir de esta
fecha cuando, como expongo en “Tetragrammaton”, comienzan a apreciarse
los movimientos llamados globales. Tras unos pocos años de incertidumbre
y reuniones al más alto nivel, tanto de organizaciones supranacionales
como de organizaciones de El Club (Bielderbergs, G-loquesea,
Trilaterales, BM, FMI, etc.), el Muro de Berlín se desploma de repente
sin que obedezca a una causa razonable, se produce el genocidio de
Ruanda (lección de crueldad de El Club para los países díscolos), se
produce el desmembramiento de la antigua URSS con todas las guerras
locales, se verifican las guerras de la exyugoslavia, etc., además de
producirse la globalización de la economía (con el objeto de crear
falsas crisis financieras, ya explicaré por y para qué) y de realizarse
un esfuerzo gigantesco en el desentrañamiento del genoma humano en el
que participa la totalidad de la comunidad científica mundial. Todo
ello, que de por sí ya es lo suficientemente llamativo de que algo hay
que une a líderes absolutamente antagonistas, se complementa con el
inicio de superobras de ingeniería en todo el mundo para la construcción
de “arcas” subterráneas a enorme profundidad, lo mismo para poner a
salvo de inciertas catástrofes globales las semillas de todas las
plantas del planeta y a los genomas de todos los seres vivos de la
Tierra, como para que numerosos grupos de humanos puedan sobrevivir a
fenómenos cataclísmicos de orden planetario. Algunos de estos
refugios-arcas, construidos a más de 6 kilómetros de profundidad en roca
viva, cuentan con capacidad para que más de veinte mil personas puedan
sobrevivir sin contacto con exterior de una forma autónoma por más de
dos años, y, aun con todo, numerosos de esos refugios en el mismo y
otros países están comunicados por túneles, al modo y manera de nidos
hormigueros, con el fin de multiplicar sus posibilidades de
supervivencia. Obviamente, para construir esta red de arcas para tal
cantidad de personas (microsociedades comandadas por la elite
eventualmente imprescindibles para garantizar un reinicio de la
civilización después de una catástrofe semejante) se precisan una
ingente cantidad de recursos económicos, razón por la cual se inventan
periódicamente pandemias o crisis financieras o petrolíferas que
promueven la intervención de los Estados con la inyección de billones de
euros. Para eso necesitaban una economía global que caminara en el
concierto de las naciones a un único paso, y para eso promovieron todos
los movimientos ya descritos. Por ejemplo, sólo la última crisis
financiera supone que han “desaparecido” del mercado la friolera de 161
billones de euros en todo el mundo. Lo bastante como para construir un
enorme y bien dotado hormiguero.
Ya he mencionado en el primer artículo
de esta serie que El Club controla la información que recibe el
ciudadano medio, que es decir que controla también la desinformación, y
para ello cuenta con una numerosa legión de debunkers (desinformadores)
que están especializados en desacreditar cualquier información que
pudiera aparecer sobre el tema, en potenciar las opiniones más volátiles
o descabelladas que le hagan pensar al ciudadano medio en lo paranoico
de quienes sostienen tales afirmaciones, y aun en primar que afamados
científicos desautoricen cualquier noticia que, con sesgo de ser
veraces, pudieran aparecer en cualquier medio incontrolado, como
Internet. La información y la desinformación, hoy, son un juego tan
habitual del poder que a nadie puede resultarle extraño o increíble.
Pero ¿qué consecuencias puede tener el
paso de un planeta masivo en un órbita próxima al Sol y a la Tierra?… En
el universo no funciona la propulsión, sino que los cuerpos celestes
regulan sus distancias y movimientos en base al electromagnetismo. Por
hacernos una idea, si el Sol fuera un balón de fútbol que estuviera en
Madrid, Plutón sería algo menor que una canica en Barcelona, y, a pesar
de ello, no puede escapar de la fuerza de atracción del Sol. Tal es el
poder del electromagnetismo. Pues bien, la entrada de un cuerpo
planetario como Nibiru y sus lunas en el Sistema Solar interior,
supondría un juego de atracciones y repulsiones electromagnéticas de tal
magnitud que no sólo supondría desplazamientos de los ejes de giro
(inversión de los polos) de los planteas como la Tierra, sino también
alteraciones climáticas de tal magnitud que sería imposible mantener el
ritmo actual de cultivos y que justificaría los aparentes suicidios
masivos de las especies que usan los campos magnéticos terrestres para
desplazarse, tal y como hoy mismo y en todo el mundo está sucediendo
(mirlo rojo en EEUU, delfines y ballenas en cualquier lugar del planeta,
pulpos en Portugal, estrellas de mar en Escocia, etc.). Lo que tal vez
haya que explicar es que la atracción entre planetas, el geomagnetismo,
no se produce entre las masas, sino entre los núcleos, que son
metálicos. Por hacernos una idea, si la Tierra fuera un huevo, el manto,
que es la parte sólida de la Tierra en la que vivimos los humanos,
tendría menos de 1 mm de espesor. Este manto está formado por placas
tectónicas, de modo y manera, que al moverse el núcleo metálico de la
Tierra, formado básicamente por hierro y níquel, forzaría el
desplazamiento del magma, el cual presionaría sobre las placas,
produciendo los terremotos y la actividad volcánica. Si esta presión
fuera muy grande, como correspondería a la irrupción de un potente campo
electromagnético que nos afectara severamente, puede imaginarse el
lector cuáles serían las consecuencias y cómo se quebraría ese cascarón
sobre el que habitamos flotando en un océano de lava.
Desde que fuera descubierto físicamente
Nibiru en 1983 hasta hoy, ha pasado mucho tiempo. En buena lógica, todo
hace pensar que debería haberse acercado lo suficiente a la Tierra como
para ser visto incluso por telescopios de aficionados, pero, aunque
perturbaciones severas apreciadas en la Nube de Oort, Urano, Saturno y
Neptuno, y aún a la desaparición inexplicada del cinturón ecuatorial de
Júpiter o a la aparición de una espontánea e igualmente no explicada
atmósfera de Nitrium en nuestra Luna apuntan a ello como evidencia
incontestable, poco o nada se sabe oficialmente de Nibiru más allá de
desmentidos más o menos continuos y de alarmas suscitadas por astrónomos
no oficiales, quienes alertan de que tal o cual región específica del
universo apreciable en los telescopios… públicos, digamos, como
Googlesky o similares, están cegados, cubiertas ciertas regiones del
universo por una especie de cuadrados negros artificiales…, precisamente
donde debería estar el inaprensible Nibiru.
No obstante, en diciembre de 2010, como
decía al principio, resulta que un desconocido astrónomo ruso descubre
desde su casa, a través de un telescopio remoto de alquiler de 200 mm
(que se puede operar por Internet) ubicado en Mayhill, Nuevo México,
EEUU, precisamente un cometa (que entonces no tenía ni coma, la cola que
identifica a un cometa como tal), de poco menos de cinco kilómetros de
núcleo, con una magnitud aparente de 19,5 (nada menos que unas 150 mil
veces más tenue que el mínimo visible a ojo desnudo) y que se encuentra
en el momento del descubrimiento a la friolera de 4,3 UA (Unidades
Astronómicas, el valor de cada una de las cuales es la distancia de la
Tierra al Sol, que son 150 millones de kilómetros). Vamos, si hace falta
alguna carambola más, oferten. Primero, no parece nada razonable que
con un telescopio poco menos que de juguete, los cuales suelen alquilar
astrónomos aficionados o incluso estudiantes, pueda descubrirse algo
visible que es 150000 veces menos visible que lo mínimo que es capaz de
captar el ojo humano, pero que, contra todo pronóstico, califica como
cometa cuando no tiene siquiera coma (la cola del cometa), lo da una
dimensión al núcleo de entre 3 y 4 kilómetros (que ya es medir con
precisión a esa distancia), dice que está a 645 millones de kilómetros, y
se queda tan pancho, poniéndole al tal su nombre.
Adempero, a pesar de lo irracionalmente
descabellado de todo este asunto, no sólo la NASA publicó casi al
instante el descubrimiento, cuando ella misma ha ocultado a Nibiru, sino
que el JPL (Jet Propulsion Laboratory), dependiente de la NASA, no
tardó ni horas en hacer pública y colgar en Internet un programa en el
que cualquier usuario podía apreciar la órbita prevista para el tal
cometa en cualquier momento de su recorrido, tendiendo datos
supuestamente fidedignos de qué distancias iba ocupando en cada momento
de su aproximación, perihelio o alejamiento, así respecto del Sol como
de la Tierra. Cosa muy particular, porque el tal cometa, junto con el
P45-Honda y el Levy, nos prometen un movido otoño. Así, Elenin, no ha
tardado en convertirse en todo un circo mediático, y tanto más cuando no
tardaron en aparecer en Internet fotografías del tal cometa acompañado
de otros cuerpos en su estela que daban la impresión de estar en
formación… inteligente.
Según el programa facilitado por JPL,
Elenin cruzó la órbita de la Tierra el pasado día 28 de julio a 1,454 UA
de la Tierra, alcanzará su perihelio (punto de mayor aproximación al
Sol) el día 3 de septiembre, y cruzará la órbita de la Tierra, ya en
retirada, el próximo día 12 de octubre, a una distancia de 0,447 UA (ahí
al lado), en cuyo momento se estima que tendrá una coma de unos 200000
kilómetros, y por entre cuyos escombros de la coma deberá pasar nuestro
planeta en su recorrido orbital, asegurándonos un vistoso espectáculo de
estrellas fugaces… del tamaño de estadios de fútbol. El día 15 de
septiembre, según este programa, habrá una alineación exacta entre el
Sol, Elenin y la Tierra, a una distancia de 0,488 UA, lo que, según
algunas fuentes, puede producir una serie de eventos absolutamente
catastróficos, ya que parece ser que los últimos terremotos superiores a
7º Richter (Nueva Zelanda, Chile, Japón, etc.) han coincidido con
alineaciones similares, si bien en aquéllas Elenin estaba a una
distancia remota y ésta se producirá con una vecindad inmediata, de modo
que ya se puede imaginar lo que le espera.
Hasta aquí, lo más cabal y
significativo sobre Elenin, al cual ya le tenemos ahí al lado
prometiéndonos mucha actividad hasta que tenga su última alineación con
la Tierra hacia finales de noviembre de 2011. Sin embargo, parece ser
que, según las últimas noticias, no viene solo, sino que es seguido de
lo que los astrónomos llaman un cluster, es decir, un conjunto de
objetos cósmicos, y éstos son, además de los tradicionales escombros que
suelen acompañar a los cometas, Nibiru con todas sus numerosas lunas
(hasta 11) y Tyche, un supuesto sol negro, estrella marrón o estrella
oscura hermana de nuestro Sol, los cuales se van a cruzar en nuestra
órbita unos meses después de que Elenin, el cual sería una especie de
profeta de lo que viene detrás, emprenda su viaje de retorno. Y si
Elenin puede tener unas consecuencias como las descritas, y si Nibiru
otras como las ya apuntadas, ¿qué consecuencias tendría que se nos
cruzara en nuestro camino cósmico, precisamente en vísperas de tan
manido 2012, todo un sistema solar?…
Tal vez todo esto sean exageraciones, e
incluso maniobras de la elite para meternos la mano en el bolsillo
mientras miramos las estrellas, o aún una manera de distraernos mientras
nos recortan libertades civiles para convertirnos en más esclavos, pero
que los hormigueros (o las arcas) se están construyendo, es algo
inequívoco y sobradamente demostrado; que en mayo EEUU se gastó una
fortuna en los ejercicios de Eagle Horizont sobre una supuesta
catástrofe que suponía el hundimiento de toda la cuenca del Mississippi y
que afectaba a 8 estados y a más de tres millones de personas, es algo
que cualquiera puede comprobar; que el FEMA (Centro para la Gestión de
Catástrofes) de EEUU ha construido campamentos de refugiados para más de
siete millones de personas y acumulado más de 300 millones de raciones
de supervivencia, es algo que igualmente puede conocerse sin demasiada
dificultad; que la NASA ha impuesto un plan de supervivencia para sus
empleados y les adoctrina en las medidas de seguridad a tomar ya ante
cualquier supuesto evento especial, es algo sobradamente conocido; y que
las crisis menudean más y más, porque la hora se acerca, el tiempo se
acaba y precisan más recursos, es algo obvio, pues, como le dijo el
Ministro de Defensa ruso a Putin, “o aplicamos más recursos o no
podremos tener concluidos los 5000 nuevos refugios subterráneos de Moscú
para la fecha prevista de 2012.”
Así está la cosa, no tiene más que leer
“Tetragrammaton” para el asunto de Nibiru, o asomarse a Internet para
tener cierta de idea de ambos, siempre que sepa discriminar información
de desinformación. Ajenjo, parece, está llegando, tal y como profetizó
el Apocalipsis, Zecharía Sitchin con su “El duodécimo planeta”, y aún
ese recurrente Nostradamus con su “montaña que cae del cielo con un
tamaño de siete estadios”. Puede creerlo o no, pero, por si acaso, vea
si paga la hipoteca o si prefiere ir comprando algunas cosillas por si
los acasos, porque me temo que de ser verdad sólo una pequeña parte de
todo lo que se parece que se nos viene encima en los próximos meses, es
probable que cierren los supermercados, que los hospitales no estén
disponibles para urgencias y que a las fuerzas de seguridad les den
vacaciones indefinidas. En su mano está creerlo o no y obrar en
consecuencia. Avisado está, y no es cosa que se preavise para dentro de
milenios o de siglos, sino para pasado mañana, como aquél que dice.
http://www.diariosigloxxi.com/texto-diario/mostrar/73466/conspiraciones-iii-nibiruelenin
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