lunes, 13 de mayo de 2013

SERAN ESTOS LOS TIEMPOS DE CUALES LE HABLABLA NUESTRO SENOR JESUS A SUS DISCIPULOS?


VIDEO NO APTO PARA SENSIBLES.




Las imágenes del vídeo son desgarradoras y parecen sacadas de una película de horror.
Muchos dirán que se trata de amarillismo e incluso pensarán que todo es montaje para justificar su personal mundo de fantasía en el que vive. Pero esta es la triste realidad del mundo musulmán.
Todo en el nombre del dios luna: Alá.
Este es sólo una de las innumerables pruebas de los actos salvajes de las mentes corrompidas por las enseñanzas del  Corán, y corresponde a un yijadista sirio sacando el corazón de un soldado del ejercito de Bashar al Assad  y proceder a comerlo.
En el minuto 0:13 del vídeo el salvaje que sujeta la cámara dice de forma sarcástica:
“parece que el soldado te dejó  un corazoncito de amor”  
- mientras grita “Alá es el más grande (Allah akbar) “ 
En el minuto 0:24 el  otro musulmán  dice:
“Juro por Alá, que comeremos sus corazones y sus hígados a todos ustedes, soldados de Bashar (mientras come).
Los héroes de Bab Amr nos comeremos sus corazones”.
En la actualidad los gobiernos del mundo son los grandes responsables de estos actos de salvajismo al no intervenir. Por una parte Rusia es aliado y   provee armas a Bashar al Assad, perteneciente a la minoría musulmana  alauita.  Y por la otra,   el resto del mudo occidental apoya a los rebeldes sunitas que  quieren instalar a la Hermandad Musulmana en el poder. Ya en febrero pasado dábamos a conocer como en Egipto, se les esta enseñando a los estudiantes que el canibalismo les esta permitido.
Ambos, sunitas como alauitas son musulmanes. De acuerdo al libro “sagrado” de esta ideología religiosa,  el canibalismo esta permitido según la sura 2:173  y 16: 115   donde  el auto-proclamado profeta e ideólogo estableció que solamente estaba prohibido consumir carne de cerdo, sangre y carne de animales muertos, pero  que para lo demás, su dios (Alá) era ‘misericordioso’…  (Islam y  canibalismo)
Si usted es una persona que considera vergonzosos estos vídeos o “morbosos”, sepa que vergonzoso  y morboso  es ser cómplice de estos actos salvajes al ignorarlos.





HISTORIA PARA REFLEXIONAR: QUE ES ESO?

ACUERDATE HONRRA A PADRE Y MADRE ES EL PRIMER MANDAMIENTO CON PROMESA.



martes, 7 de mayo de 2013

LOS TIEMPOS DEL FIN SEGUN DANIEL. 2da Parte, Capitulos 8 y 9.

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Un Estudio Bíblico por Jack Kelly

 

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Dos años después de la visión que tuvo Daniel de las cuatro bestias que describimos en el capítulo 7, él tuvo otra visión, esta vez sobre un carnero y un macho cabrío. Como veremos, la intención era para darle tanto a él como a nosotros más detalles sobre las cosas del porvenir, porque la visión tiene un cumplimiento doble. Para Daniel esta visión era toda en el futuro, pero para nosotros, el primer cumplimiento está en la historia, asegurando así que el cumplimiento final se encuentra aún en nuestro futuro.
Daniel 8
La Visión que Tuvo Daniel del Carnero y del Macho Cabrío
“En el año tercero del reinado del rey Belsasar me apareció una visión a mí, Daniel, después de aquella que me había aparecido antes. Vi en visión; y cuando la vi, yo estaba en Susa, que es la capital del reino en la provincia de Elam; vi, pues, en visión, estando junto al río Ulai. Alcé los ojos y miré, y he aquí un carnero que estaba delante del río, y tenía dos cuernos; y aunque los cuernos eran altos, uno era más alto que el otro; y el más alto creció después. Vi que el carnero hería con los cuernos al poniente, al norte y al sur, y que ninguna bestia podía parar delante de él, ni había quien escapase de su poder; y hacía conforme a su voluntad, y se engrandecía.” (Daniel 8:1-4).
Era el año 551 a.C. Faltaban 16 años para la caída de Babilonia ante la coalición de los Medo-Persas. Susa quedaba a 370 kilómetros al este de Babilonia, en lo que hoy es el moderno Irán, y se convertiría en la capital del Imperio Persa. Tanto Daniel como Nehemías vivieron allí, como también lo hizo la reina Ester. Hoy día se le conoce como Shush. Una inusual roca blanca en forma de un cono, señala el sitio tradicional donde reposan los restos de Daniel. Adicionalmente a los judíos persas, muchos musulmanes chiítas también reverencian al profeta visitando su tumba hasta este día.
El rey de Persia usaba una corona con la forma de la cabeza de un carnero cuando iba a batalla, así que el carnero representa a Medo-Persia. El cuerno que creció más después es el componente persa de la coalición y que eventualmente fue el elemento dominante. (El Ángel Gabriel confirmará para nosotros la identidad de ambos animales más adelante en este capítulo.) Como lo hemos mencionado antes, Media era el hogar de lo que hoy día son los curdos mientras que Persia se convirtió en Irán. Juntos estos dos componentes conquistaron un área que se extendía desde Paquistán en el este hasta Grecia en el oeste, y hasta las costas del Mar Negro y las del Mar Caspio en el norte, y reinaron durante 200 años, hasta cerca del año 330 a.C. Había un camino real que se extendía desde Susa hasta Sardis en Turquía occidental, que se utilizaba para traer mercaderías desde el Mediterráneo hasta la ciudad capital.
“Mientras yo consideraba esto, he aquí un macho cabrío venía del lado del poniente sobre la faz de toda la tierra, sin tocar tierra; y aquel macho cabrío tenía un cuerno notable entre sus ojos. Y vino hasta el carnero de dos cuernos, que yo había visto en la ribera del río, y corrió contra él con la furia de su fuerza. Y lo vi que llegó junto al carnero, y se levantó contra él y lo hirió, y le quebró sus dos cuernos, y el carnero no tenía fuerzas para pararse delante de él; lo derribó, por tanto, en tierra, y lo pisoteó, y no hubo quien librase al carnero de su poder. Y el macho cabrío se engrandeció sobremanera; pero estando en su mayor fuerza, aquel gran cuerno fue quebrado, y en su lugar salieron otros cuatro cuernos notables hacia los cuatro vientos del cielo” (Daniel 8:5-8).
El macho cabrío con un solo cuerno era el símbolo de Felipe de Macedonia, padre de Alejandro Magno. Los persas habían humillado tanto a Felipe que Alejandro formó un poderoso ejército para tomar venganza. Para unir las facciones guerreras de Europa Oriental en contra de los persas, Alejandro inventó un lenguaje, llamado Griego Común, para que todos pudieran hablarlo y, al entenderse, arreglar sus disputas tanto reales como imaginarias. Sin mostrar ninguna misericordia hacia los persas, Alejandro derrotó contundentemente al ejército de 200.000 hombres de Darío III, con solamente 35.000 de sus propios soldados, en la Batalla de Gaugamela en el año 331 a.C. Entonces, él tenía 22 años de edad. Siete años más tarde Alejandro moriría en Babilonia dejando su imperio para ser dividido entre sus cuatro generales, Casandro (Macedonia y Grecia), Lisímaco (Tracia y el Asia Menor), Ptolomeo (Israel y Egipto), y Seleuco (Siria, Líbano y Jordania).
“Y de uno de ellos salió un cuerno pequeño, que creció mucho al sur, y al oriente, y hacia la tierra gloriosa. Y se engrandeció hasta el ejército del cielo; y parte del ejército y de las estrellas echó por tierra, y las pisoteó. Aun se engrandeció contra el príncipe de los ejércitos, y por él fue quitado el continuo sacrificio, y el lugar de su santuario fue echado por tierra. Y a causa de la prevaricación le fue entregado el ejército junto con el continuo sacrificio; y echó por tierra la verdad, e hizo cuanto quiso, y prosperó. Entonces oí a un santo que hablaba; y otro de los santos preguntó a aquel que hablaba: ¿Hasta cuándo durará la visión del continuo sacrificio, y la prevaricación asoladora entregando el santuario y el ejército para ser pisoteados? Y él dijo: Hasta dos mil trescientas tardes y mañanas; luego el santuario será purificado” (Daniel 8:9-14).
Ahora nos adelantamos rápidamente al año 175 a.C., a un descendiente de Seleuco de nombre Antíoco IV, llamado un cuerno pequeño aquí, quien se nombró a sí mismo Epífanes, o el Divino. Para este momento, el imperio seléucida había crecido sustancialmente e incluía a Israel (la Tierra Gloriosa) que había sido tomado de los descendientes de Ptolomeo. Antíoco Epífanes odiaba a los judíos y juró borrar su religión de sobre la faz de la tierra. Y casi tiene éxito.
Haciendo que el último legítimo Sumo Sacerdote de Israel, Onais III, fuera asesinado, empezó a negociar el oficio de Sumo Sacerdote al mejor postor, un sistema de hacer dinero que los romanos adoptaron después. Invadió Israel y tomó el control de Jerusalén y del Monte del Templo. Prohibió la circuncisión, hablar o leer en hebreo, y la posesión de las Escrituras Hebreas, quemando todas las copias que pudo encontrar. Convirtió el Templo en un centro de adoración pagana bajo pena de muerte. Mató un cerdo sobre el altar santo y ordenó a los sacerdotes hacer lo mismo.
Esta profanación del Templo lo hizo inadecuado para ser usado por los judíos. Esto llegó a ser conocido como la abominación desoladora con lo cual se disparó la revuelta de los macabeos, una guerra tipo guerrilla que fue exitosa después de tres años y medio de luchas, y dirigida por Judas Macabeo (el Martillo), para expulsar a las tropas de Antíoco de Israel y restaurar el servicio del Templo. Debido a eso, Antíoco Epífanes se ha convertido en el tipo más claro de anticristo, siendo la revuelta de los macabeos un modelo de la gran tribulación. Durante 1.150 días (2.300 tardes y mañanas de sacrificios) el santuario estuvo desolado hasta que fue vuelto a consagrar durante una ceremonia que hoy día se celebra como la Fiesta de Hanukkah.
La Interpretación de la Visión
“Y aconteció que mientras yo Daniel consideraba la visión y procuraba comprenderla, he aquí se puso delante de mí uno con apariencia de hombre. Y oí una voz de hombre entre las riberas del Ulai, que gritó y dijo: Gabriel, enseña a éste la visión. Vino luego cerca de donde yo estaba; y con su venida me asombré, y me postré sobre mi rostro. Pero él me dijo: Entiende, hijo de hombre, porque la visión es para el tiempo del fin.
Mientras él hablaba conmigo, caí dormido en tierra sobre mi rostro; y él me tocó, y me hizo estar en pie. Y dijo: He aquí yo te enseñaré lo que ha de venir al fin de la ira; porque eso es para el tiempo del fin. En cuanto al carnero que viste, que tenía dos cuernos, éstos son los reyes de Media y de Persia. El macho cabrío es el rey de Grecia, y el cuerno grande que tenía entre sus ojos es el rey primero. Y en cuanto al cuerno que fue quebrado, y sucedieron cuatro en su lugar, significa que cuatro reinos se levantarán de esa nación, aunque no con la fuerza de él” (Daniel 8:15-22).
El Ángel Gabriel viene ahora a explicarle a Daniel que va a extender la visión para mostrar que habrá una repetición de estos eventos, pero en una escala mucho más grande, al final de los tiempos. Veremos que el “cuerno pequeño” de Daniel 7:8 es el cumplimiento final del también llamado “cuerno pequeño” en Daniel 8:9, el que conocemos como Antíoco Epífanes. El ángel comienza identificando al carnero y al macho cabrío y describe la distribución del reino de Alejandro entre sus cuatro generales. Luego se va directamente al tiempo del “fin de la ira”.
“Y al fin del reinado de éstos, cuando los transgresores lleguen al colmo, se levantará un rey altivo de rostro y entendido en enigmas. Y su poder se fortalecerá, mas no con fuerza propia; y causará grandes ruinas, y prosperará, y hará arbitrariamente, y destruirá a los fuertes y al pueblo de los santos. Con su sagacidad hará prosperar el engaño en su mano; y en su corazón se engrandecerá, y sin aviso destruirá a muchos; y se levantará contra el Príncipe de los príncipes, pero será quebrantado, aunque no por mano humana.” (Daniel 8:23-25)
Los restos de estos imperios permanecerán hasta el fin de la era cuando un rey como Antíoco se levante, pero este no estará actuando bajo su propia fuerza. En Apocalipsis 13:2 se nos dice que el dragón le dará de su poder. Y a diferencia de Antíoco, quien sufrió una derrota vergonzosa a manos de los romanos que empezaban a surgir, y fue obligado a dejar Egipto avergonzado, este otro rey será exitoso en todo lo que hace y será admirado por todos. “Y se maravilló toda la tierra en pos de la bestia, y adoraron al dragón que había dado autoridad a la bestia, y adoraron a la bestia, diciendo: ¿Quién como la bestia, y quién podrá luchar contra ella?” (Apocalipsis 13:3-4).
Él saldrá a escena como un pacificador, pero terminará con la mayor parte del mundo bajo su autoridad, aun creyendo que puede ir a la guerra en contra de los ejércitos celestiales. Como su predecesor, tendrá un odio anormal por los judíos e intentará borrarlos de la faz de la tierra. Él también levantará una estatua en el Lugar Santo (Apocalipsis 13:15), llamándose a sí mismo Dios y exigiendo que se le adore (2 Tesalonicenses 2:4). Sin embargo, su fin será a manos de Aquel Quien en verdad es el Rey de toda la Tierra.
“La visión de las tardes y mañanas que se ha referido es verdadera; y tú guarda la visión, porque es para muchos días.
Y yo Daniel quedé quebrantado, y estuve enfermo algunos días, y cuando convalecí, atendí los negocios del rey; pero estaba espantado a causa de la visión, y no la entendía” (Daniel 8:26-27).
Gabriel concluyó su interpretación de la visión al implicar que las 2.300 tardes y mañanas ciertamente vendrán, pero que el cumplimiento final de la visión es para los tiempos del fin. Esto ha sido verificado en la historia. La desolación del Templo que hizo Antíoco Epífanes fue el cumplimiento de las tardes y las mañanas. A nosotros no se nos da ningún tiempo referente a la gran tribulación, en la que la abominación desoladora venidera se nos dice que dura 1.260 días, y, como lo veremos en el capítulo 12, quizás más.
Daniel 9
Ahora son trece años más tarde, es el año 538 a.C. Daniel ya es un hombre anciano, probablemente en la edad de sus ochentas. Ya ha estado en Babilonia durante casi 70 años y se ha enterado, al leer el libro de Jeremías sobre la conquista de Babilonia, que el período de cautividad de Israel estaba casi por terminar. Dios le había dicho a Jeremías que la cautividad duraría 70 años, y luego Babilonia sería derrotada y los judíos serían liberados para reconstruir su país (Jeremías 25:11-12). El motivo para este juicio fue la insistencia de Israel en adorar a los falsos dioses de los vecinos paganos. La duración de esos 70 años fue por el hecho de que durante 490 años los judíos habían descuidado observar el descanso de la tierra que estaba estipulado en un año de cada siete años, como Dios lo había ordenado en Levítico 25:1-7. El Señor había sido paciente durante todo ese tiempo, pero finalmente los envió a Babilonia con el objeto de darle a la tierra los 70 años de descanso que se le debía (2 Crónicas 36:21).
Mientras oraba un día, confesando los pecados de Israel y recordándole a Dios Su promesa de restaurarlos (Daniel 9:1-23), Daniel recibió la visita, por segunda vez, del Ángel Gabriel, el cual interrumpió su oración para revelarle a Daniel más sobre el futuro de Israel, y una vez más, ampliando las visiones de los Capítulos 7 y 8, con un repaso en cuatro versículos, de las cosas venideras.
Muchas personas creen que Daniel 9:24-27 es el pasaje más importante de la profecía en todas las Escrituras. Casi todos los errores que me he encontrado al estudiar las distintas interpretaciones de la profecía de los últimos días, se puede decir que tienen su origen en la mala interpretación de este pasaje. Leamos todo el asunto para que podamos tener el cuadro general y luego analizarlo versículo por versículo.
“Setenta semanas están determinadas sobre tu pueblo y sobre tu santa ciudad, para terminar la prevaricación, y poner fin al pecado, y expiar la iniquidad, para traer la justicia perdurable, y sellar la visión y la profecía, y ungir al Santo de los santos. Sabe, pues, y entiende, que desde la salida de la orden para restaurar y edificar a Jerusalén hasta el Mesías Príncipe, habrá siete semanas, y sesenta y dos semanas; se volverá a edificar la plaza y el muro en tiempos angustiosos. Y después de las sesenta y dos semanas se quitará la vida al Mesías, mas no por sí; y el pueblo de un príncipe que ha de venir destruirá la ciudad y el santuario; y su fin será con inundación, y hasta el fin de la guerra durarán las devastaciones. Y por otra semana confirmará el pacto con muchos; a la mitad de la semana hará cesar el sacrificio y la ofrenda. Después con la muchedumbre de las abominaciones vendrá el desolador, hasta que venga la consumación, y lo que está determinado se derrame sobre el desolador” (Daniel 9:24-27).
Ninguna profecía en todas las Escrituras es tan crítica para nuestro conocimiento de los tiempos del fin, como lo son estos cuatro versículos. Antes que nada, debemos hacer unas aclaraciones, para luego interpretar este pasaje versículo por versículo. La palabra hebrea traducida semanas (o sietes) se refiere a un período de siete años, de la misma manera que la palabra década se refiere a un período de 10 años. Literalmente significa “una semana de años”. De tal manera que 70 semanas son 70 x 7 años, o 490 años. Este período está dividido en tres partes; 7 semanas o 49 años, 62 semanas o 434 años, y una semana o siete años. Entonces comencemos.
“Setenta semanas están determinadas sobre tu pueblo y sobre tu santa ciudad, para terminar la prevaricación, y poner fin al pecado, y expiar la iniquidad, para traer la justicia perdurable, y sellar la visión y la profecía, y ungir al Santo de los santos (lugar Santísimo)” (Daniel 9:24).
Estas son las seis cosas que deben de lograrse para el pueblo de Daniel (Israel) y la Santa Ciudad de Daniel (Jerusalén) durante un período de 490 años. He insertado la frase “lugar Santísimo” al final del versículo para aclarar el hecho de que se refiere al Templo judío en Jerusalén.
“Sabe, pues, y entiende, que desde la salida de la orden para restaurar y edificar a Jerusalén hasta el Mesías Príncipe, habrá siete semanas, y sesenta y dos semanas; se volverá a edificar la plaza y el muro en tiempos angustiosos” (Daniel 9:25).
Aquí vemos una clara profecía sobre el momento de la Primera Venida de Cristo. Cuando este mensaje le fue dado a Daniel por el Ángel Gabriel, Jerusalén era una ciudad en ruinas por casi 70 años, y los judíos estaban cautivos en Babilonia. Al contar 62 + 7 períodos de 7 años cada uno, a partir de un futuro decreto que le da a los judíos el permiso para restaurar y reconstruir Jerusalén, entonces deben de esperar al Mesías. Eso es un total de 483 años después que el decreto es emitido.
Aquí es importante poder distinguir el decreto que liberó a los judíos de su cautiverio del decreto que les permitió reconstruir Jerusalén.
Cuando Ciro de Persia conquistó Babilonia en el año 535 a.C., de inmediato liberó a los judíos. Eso había sido profetizado 150 años antes en Isaías 44:24-45:6 y vio su cumplimiento en Esdras 1:1-4. Pero según Nehemías 2:1, el decreto para reconstruir Jerusalén fue emitido el mes primero del vigésimo año de su reinado por el Rey Artajerjes de Persia (Marzo del año 445 a.C. en nuestro calendario, cerca de 90 años después).
Exactamente 483 años después de eso, el Señor Jesús entró en Jerusalén montando una asna, a los gritos de “Hosanna”, en el único día en Su vida que Él les permitió a sus seguidores que lo proclamaran como Rey de Israel, ¡cumpliendo así la profecía de Daniel al día preciso! El idioma hebreo en el 9:25 le llama “Mesías Príncipe”, anotando el hecho de que Él estaba llegando como el Hijo Ungido de David y aún no había sido coronado Rey.
En Lucas 19:41-44, Jesús les recuerda a las personas sobre la naturaleza específica de esta profecía. Cuando se acercaba a Jerusalén y ve la ciudad, llora sobre ella y dijo, “¡Oh, si también tú conocieses, a lo menos en este tu día, lo que es para tu paz! Mas ahora está encubierto de tus ojos. Porque vendrán días sobre ti, cuando tus enemigos te rodearán con vallado, y te sitiarán, y por todas partes te estrecharán, y te derribarán a tierra, y a tus hijos dentro de ti, y no dejarán en ti piedra sobre piedra, por cuanto no conociste el tiempo de tu visitación”. Jesús los responsabilizó porque conocían Daniel 9:24-27.
Unos días más tarde, Jesús extendió esa responsabilidad a nosotros. “Por tanto, cuando veáis en el lugar santo la abominación desoladora de que habló el profeta Daniel (el que lee, entienda), entonces los que estén en Judea, huyan a los montes” (Mateo 24:15-16). A nosotros también se nos obliga a entender Daniel 9 en referencia a la gran tribulación y la Segunda Venida.
“Y después de las sesenta y dos semanas se quitará la vida al Mesías, mas no por sí; y el pueblo de un príncipe que ha de venir destruirá la ciudad y el santuario; y su fin será con inundación, y hasta el fin de la guerra durarán las devastaciones” (Daniel 9:26).
Primero se cumplieron 7 semanas (49 años) y luego 62 semanas (434 años) para un total de 69 semanas o 483 años. Al final de este segundo período, su Mesías será ejecutado (literalmente destruido al hacer un pacto) sin haber recibido ninguno de los honores, gloria y bendiciones que las Escrituras le prometieron, y el pueblo de un príncipe que aun ha de venir, destruirá Jerusalén y el Templo. Los israelitas serán esparcidos por todos lados y la paz eludirá al mundo.
Todos sabemos que Jesús fue crucificado estableciendo un Nuevo Pacto en el proceso, y 35 años más tarde, los romanos incendiaron la ciudad y el Templo, destruyéndolos totalmente. Los judíos que sobrevivieron fueron obligados a huir para salvar sus vidas y durante los siguientes 2.000 años yo no creo que ninguna generación haya escapado de estar involucrada en alguna clase de guerra.
Pero entonces algo extraño sucedió: El Reloj Celestial se detuvo. Ya habían transcurrido 69 de las 70 semanas, y todo lo que había sido profetizado sucedió durante esos 483 años, pero aún quedaba por cumplirse una semana (7 años). Hay insinuaciones en el Antiguo Testamento de que el reloj se ha detenido varias veces anteriormente, en la historia de Israel, cuando por alguna razón u otra, los judíos estaban fuera de su tierra. Y en el Nuevo Testamento también se nos dice que mientras Dios está tratando con la Iglesia, el tiempo deja de existir para Israel (Hechos 15:13-18). Pero la indicación más clara es que ese evento predicho en Daniel 9:27 aún no se ha cumplido.
“Y por otra semana [él] confirmará el pacto con muchos; a la mitad de la semana hará cesar el sacrificio y la ofrenda. Después con la muchedumbre de las abominaciones vendrá el desolador, hasta que venga la consumación, y lo que está determinado se derrame sobre el desolador” (Daniel 9:27).
Aquí se encuentra la Semana Setenta que hace falta, pero antes de que intentemos entenderla, repasemos una regla de gramática que nos ayudará a que nuestra interpretación sea la correcta. Esta regla es la siguiente: Los pronombres se refieren al nombre previo más cercano. “Él”, siendo un pronombre personal, se refiere a la persona anterior más cercana, en este caso “el príncipe que ha de venir”. Entonces, un gobernante que vendrá de alguna parte del antiguo Imperio Romano, confirmará un pacto de siete años con Israel el cual les permitirá construir un Templo y restituir el sistema de culto del Pacto Antiguo. Tres años y medio después, él violará ese pacto al colocar una abominación que causa que el Templo sea desolado, terminando así con el culto. Esta abominación acarrea la ira de Dios sobre él y será destruido. Este es el cuerno pequeño de Daniel 7:8, y el cumplimiento final del cuerno pequeño de Daniel 8:9, que primeramente fue cumplido en Antíoco Epífanes.
La manera más obvia por la cual sabemos que estas cosas aun no han sucedido es que el sistema del culto judío del Pacto Antiguo requiere de un Templo para celebrarse, y no ha habido ningún Templo desde el año 70 d.C. cuando los romanos lo destruyeron.
Algunas personas dicen que esta profecía se cumplió durante la destrucción de los romanos en el año 70 d.C., pero la mayoría creen que aun se encuentra en el futuro, en parte debido el término abominación desoladora. Como Gabriel le dijo a Daniel, que durante el tiempo de la ira, habrá un segundo y más grande cumplimiento de la profecía de su visión en el capítulo 8. Otro rey se levantará y repetirá las cosas que Antíoco hizo, una de las cuales será entrar en el Templo declarándose ser Dios, y exigiendo que la gente adore una estatua con su efigie.
Jesús dijo que este evento lanzaría la gran tribulación (Mateo 24:15-21), y Pablo dijo que el anticristo sería el que lo haría (2 Tesalonicenses 2:4). Las blasfemias de Antíoco no fueron específicamente repetidas cuando los romanos destruyeron el Templo, y desde entonces no ha habido otro Templo. Las similitudes entre este evento venidero y el que registra la historia, son tan obvias, que muchos eruditos están persuadidos que ese evento señala al otro ya que nada, en los años que intervienen se ajusta tan completamente a ese evento.
Pronto, Muy Pronto
Siguiendo a una guerra devastadora en el Medio Oriente, un nuevo líder pronto surgirá a escena. Con un gran carisma personal y un plan para terminar todas las guerras, cautivará y controlará el mundo. Ya que todos los verdaderos creyentes habrán desaparecido recientemente de la tierra, no tendrá ningún problema en persuadir a la mayoría de los habitantes que quedaron de que él es el Mesías prometido, el Príncipe de Paz. Los pasmará y asombrará con todo tipo de proezas diplomáticas y de conquista, aun haciendo actos sobrenaturales. Pero cuando él afirme ser Dios, todo el infierno se desatará sobre la tierra, y los tres años y medio del peor y más terrible tiempo que la humanidad haya jamás tenido, amenazará su misma existencia.
Pero antes de que todos sean destruidos, el verdadero Príncipe de Paz retornará y vencerá a ese impostor. Él instalará Su reino sobre la tierra, un reino que nunca será conquistado ni entregado a nadie más. Al haber entregado Su vida para terminar la prevaricación, y poner fin al pecado, y expiar la iniquidad, para traer la justicia perdurable, y habiendo cumplido toda la visión y la profecía bíblicas, Él ungirá el Lugar Santísimo y recibirá todo el honor y la gloria y las bendiciones que las Escrituras le prometieron. Israel finalmente verá su reino restablecido y vivirá en paz con Dios en su medio, y usted y yo, como la novia de Cristo, reinaremos y gobernaremos con Él para siempre.

miércoles, 1 de mayo de 2013

LOS TIEMPOS DEL FIN, SEGUN DANIEL......1a parte, capitulos 2 & 7

Los Tiempos del Fin Según Daniel … 1ª Parte, Capítulos 2 & 7

Estudios-Biblicos
Un Estudio Bíblico por Jack Kelley
Desde aproximadamente el año 1000 hasta el año 900 a.C., Israel fue la nación más temida y admirada de la Tierra. Pero después de la muerte de Salomón y la guerra civil que le sucedió, la nación cayó de su posición exaltada a un reino dividido debido a la idolatría. Los enemigos de Israel vieron su oportunidad y le tomaron ventaja. Primero fue el Reino del Norte el cual fue conquistado en el año 701 a.C. por los asirios y después el reino del Sur que fue llevado cautivo en esclavitud, cerca de cien años después, por manos del rey de Babilonia.
Así comenzaron los tiempos de los gentiles, también conocidos como el Dominio Gentil, el cual abarcaría un lapso de más de 2.600 años, desde el cautiverio en Babilonia hasta el Reino Milenial, cuando un imperio gentil después de otro, ha tenido su turno gobernando el mundo, generalmente subyugando a Jerusalén en el proceso. Jesús dijo, “Y Jerusalén será hollada por los gentiles, hasta que los tiempos de los gentiles se cumplan” (Lucas 20:24); y así ha sido. La recaptura de toda la ciudad de Jerusalén por Israel en Junio de 1967 y los eventos de nuestros tiempos, son claras señales de que se avecina el fin del Dominio de los Gentiles.
Daniel 2 y Daniel 7 nos dan dos puntos de vista diferentes sobre los gobiernos mundiales durante este período, el punto de vista del hombre y el de Dios. Como ustedes podrán imaginarse, estos puntos de vista son substancialmente diferentes. Primero veremos las cosas desde la perspectiva del hombre.
Nuestro estudio comienza en el capítulo 2 cuando Daniel, habiendo sido llevado cautivo a Babilonia siendo un adolescente y educado para convertirse en un consejero del rey, se encuentra luchando por su vida. Si él no puede interpretar el conflictivo sueño del rey, él y sus amigos serían brutalmente ejecutados. Solamente hay una trampa. El rey no les dirá el sueño.
Afortunadamente sí hay Alguien que puede decir el sueño. Veamos.
Daniel 2:26-49
“Respondió el rey y dijo a Daniel, al cual llamaban Beltsasar: ¿Podrás tú hacerme conocer el sueño que vi, y su interpretación? Daniel respondió delante del rey, diciendo: El misterio que el rey demanda, ni sabios, ni astrólogos, ni magos ni adivinos lo pueden revelar al rey. Pero hay un Dios en los cielos, el cual revela los misterios, y él ha hecho saber al rey Nabucodonosor lo que ha de acontecer en los postreros días. He aquí tu sueño, y las visiones que has tenido en tu cama” (Daniel 2:26-28).
Daniel había orado a Dios para que le revelara el sueño y su interpretación. Razonando que Dios no lo habría puesto en una posición de influencia en la corte del conquistador de Israel solamente para ser ejecutado, Daniel se comprometió a hacerle frente al reto imposible del rey y le pidió ayuda a Dios. Y ahora es el momento del espectáculo.
“Estando tú, oh rey, en tu cama, te vinieron pensamientos por saber lo que había de ser en lo por venir; y el que revela los misterios te mostró lo que ha de ser. Y a mí me ha sido revelado este misterio, no porque en mí haya más sabiduría que en todos los vivientes, sino para que se dé a conocer al rey la interpretación, y para que entiendas los pensamientos de tu corazón” (Daniel 2:29-30).
Los motivos del rey quedan expuestos. Él se ha rehusado a revelar el contenido del sueño porque no les tiene confianza a sus consejeros. Entonces, si hay alguien que le pueda decir tanto el sueño como su interpretación, demostrará ser tanto sabio como confiable.
“Tú, oh rey, veías, y he aquí una gran imagen. Esta imagen, que era muy grande, y cuya gloria era muy sublime, estaba en pie delante de ti, y su aspecto era terrible. La cabeza de esta imagen era de oro fino; su pecho y sus brazos, de plata; su vientre y sus muslos, de bronce; sus piernas, de hierro; sus pies, en parte de hierro y en parte de barro cocido. Estabas mirando, hasta que una piedra fue cortada, no con mano, e hirió a la imagen en sus pies de hierro y de barro cocido, y los desmenuzó. Entonces fueron desmenuzados también el hierro, el barro cocido, el bronce, la plata y el oro, y fueron como tamo de las eras del verano, y se los llevó el viento sin que de ellos quedara rastro alguno. Más la piedra que hirió a la imagen fue hecha un gran monte que llenó toda la tierra” (Daniel 2:31-35).
Puedo imaginarme al rey al borde de su asiento, mirando fijamente a los ojos de Daniel cuando se dio cuenta de que Daniel le estaba describiendo su sueño hasta el último detalle. Podría apostar que Daniel había captado toda la atención de la corte, porque con solo mirar el rostro del rey les decía a los de la corte que Daniel estaba salvando su vida y la de ellos también. Y ahora la interpretación.
“Este es el sueño; también la interpretación de él diremos en presencia del rey. Tú, oh rey, eres rey de reyes; porque el Dios del cielo te ha dado reino, poder, fuerza y majestad. Y dondequiera que habitan hijos de hombres, bestias del campo y aves del cielo, él los ha entregado en tu mano, y te ha dado el dominio sobre todo; tú eres aquella cabeza de oro” (Daniel 2:36-38).
Babilonia era el país que hoy día conocemos como Irak. Jeremías, un profeta contemporáneo a Daniel, quien escribió desde Jerusalén, les había dicho a los enviados de las naciones vecinas de Israel que Dios les estaba dando dos alternativas para escoger, rendirse al rey de Babilonia y vivir, o pelear y morir. Dios había escogido al rey Nabucodonosor para castigar a los enemigos de Israel por sus traiciones pasadas al mismo tiempo que Dios traía el juicio decretado sobre Israel por su idolatría (Jeremías 27:1-11). Como resultado de eso, Babilonia terminó gobernando todo el Medio Oriente incluyendo partes de Egipto. Pero Daniel acababa de informarle al rey que cualquier lugar de la tierra que él quisiera lo recibiría en sus manos. Aun los animales le habían quedado sujetos. Nabucodonosor, representando a Babilonia, era la cabeza de oro de la estatua.
“Y después de ti se levantará otro reino inferior al tuyo; y luego un tercer reino de bronce, el cual dominará sobre toda la tierra. Y el cuarto reino será fuerte como hierro; y como el hierro desmenuza y rompe todas las cosas, desmenuzará y quebrantará todo. Y lo que viste de los pies y los dedos, en parte de barro cocido de alfarero y en parte de hierro, será un reino dividido; mas habrá en él algo de la fuerza del hierro, así como viste hierro mezclado con barro cocido. Y por ser los dedos de los pies en parte de hierro y en parte de barro cocido, el reino será en parte fuerte, y en parte frágil. Así como viste el hierro mezclado con barro, se mezclarán por medio de alianzas humanas; pero no se unirán el uno con el otro, como el hierro no se mezcla con el barro” (Daniel 2:39-43).
El conocimiento de nuestra historia permite que este pasaje sea interpretado con exactitud. Babilonia fue conquistada por la coalición de los medos (hoy día los curdos) y los persas (Irán), al final del período de setenta años decretado para la cautividad de Israel. Ellos forman el pecho y los brazos de plata. Los ejércitos griegos bajo el mando de Alejandro, conquistaron a Persia y están representados por el vientre y los muslos de bronce. Las piernas de hierro son las divisiones del imperio romano del Este y el Oeste, el cual desplazó a los griegos, y desde este punto en adelante pasamos de la historia a la profecía. El imperio romano en realidad nunca fue conquistado, sino que colapsó por el peso de su propia decadencia, transformándose, en el proceso, de una entidad política a una religiosa. El Sacro Imperio Romano tuvo control sobre el mundo conocido hasta la Edad Media. Después, varios de sus componentes han visto su turno bajo el sol. España, Inglaterra, y ahora la colonia de Inglaterra, los EE.UU.
Eso deja por fuera los diez dedos de los pies, un imperio que aún no ha llegado al poder, y cuya llegada a la escena mundial estará caracterizada por la unión y la separación de sus componentes, que estarán incómodos los unos con los otros. Esto describe a la Unión Europea, una confederación de 22 naciones al momento, con solamente diez socios con plenos derechos, y doce miembros asociados en distintos niveles de aceptación. Mientras que aparentan estar unificados, casi han llegado al punto de quebrar esa unión, como lo fue la crisis pasada sobre la moneda única y la reciente derrota de su constitución única.
Pero no olviden que en el sueño de Nabucodonosor, la estatua tenía dos piernas, señalando los dos componentes del imperio romano. El componente del este está formado hoy día por una gran parte del mundo islámico, mientras que el componente del oeste es lo que ahora se llama la Unión Europea. En algún momento, pronto, veremos algún tipo de acomodo que hará que esas dos piernas se unan de manera efectiva, aunque imperfecta. Quizás la galopante “islamización” de Europa es una primera señal de eso.
En la Versión Reina Valera de 1602, Daniel 2:43 dice, “Cuanto a aquello que viste, el hierro mezclado con barro cocido, se mezclarán con simiente humana, más no se pegarán el uno con el otro, como el hierro no se mezcla con el barro”. El barro cocido aparentemente se refiere a los vasos de alfarero hechos con fragmentos reciclados de cerámica o pedazos rotos de distintas clases de barro, los cuales se muelen hasta hacerlos polvo y se mezclan con agua para formar una sustancia como el barro. Cuando se seca, este material resultante es muy quebradizo y se rompe fácilmente. En el sueño de Nabucodonosor la intención del barro es simbolizar la dificultad que los imperios del fin de los tiempos tendrán para mantenerse unidos, y que están representados por los diez dedos de los pies.
Pero entonces, el versículo 43 dice, “se mezclarán con simiente humana. ¿Quiénes son los que se mezclarán? ¿Nos está diciendo Daniel que algunos seres no humanos intentarán unirse con los seres humanos, o aun mezclarse con ellos para formar parte de la genética humana? ¿Y si eso es así, que les costará mucho mantenerse unidos? No podemos decirlo, pero algunos eruditos dicen que no debemos sorprendernos que el retorno de los nefilines esté profetizado en este versículo.
“Y en los días de estos reyes el Dios del cielo levantará un reino que no será jamás destruido, ni será el reino dejado a otro pueblo; desmenuzará y consumirá a todos estos reinos, pero él permanecerá para siempre, de la manera que viste que del monte fue cortada una piedra, no con mano, la cual desmenuzó el hierro, el bronce, el barro, la plata y el oro.
El gran Dios ha mostrado al rey lo que ha de acontecer en lo por venir; y el sueño es verdadero, y fiel su interpretación” (Daniel 2:44-45).
Pero cuando todo parece que los diez dedos de los pies finalmente se están uniendo y su poder se está consolidando, el Señor derramará el juicio más grande y final sobre la tierra. Cualquier último vestigio de los reinos gentiles, será destruido, y el mismo Señor establecerá un reino que nunca será destruido ni tampoco será entregado en manos de otros.
“Entonces el rey Nabucodonosor se postró sobre su rostro y se humilló ante Daniel, y mandó que le ofreciesen presentes e incienso. El rey habló a Daniel, y dijo: Ciertamente el Dios vuestro es Dios de dioses, y Señor de los reyes, y el que revela los misterios, pues pudiste revelar este misterio.
Entonces el rey engrandeció a Daniel, y le dio muchos honores y grandes dones, y le hizo gobernador de toda la provincia de Babilonia, y jefe supremo de todos los sabios de Babilonia. Y Daniel solicitó del rey, y obtuvo que pusiera sobre los negocios de la provincia de Babilonia a Sadrac, Mesac y Abed-nego; y Daniel estaba en la corte del rey” (Daniel 2:46-49).
Y de esta manera empieza la asombrosa carrera de Daniel como el consejero jefe del rey de Babilonia, y después del rey de Persia.
Al principio dije que esta visión representa el punto de vista humano del Dominio Gentil, el cual está representado por metales brillantes y preciosos. Mientras que cada metal es menos valioso que el anterior, lo que representa un decaimiento en la calidad de cada gobierno, cada metal es también menos maleable, más duro y por lo tanto más fuerte, con lo cual se representa un crecimiento en el poder.
Seguidamente vamos a ver estos mismos cuatro imperios pero desde la perspectiva de Dios, y como les dije, eso será muy distinto.
Daniel 7:1-14
El Sueño de Daniel de las Cuatro Bestias
“En el primer año de Belsasar rey de Babilonia tuvo Daniel un sueño, y visiones de su cabeza mientras estaba en su lecho; luego escribió el sueño, y relató lo principal del asunto.
Daniel dijo: Miraba yo en mi visión de noche, y he aquí que los cuatro vientos del cielo combatían en el gran mar. Y cuatro bestias grandes, diferentes la una de la otra, subían del mar” (Daniel 7:1-3).
La visión del capítulo 7 tuvo lugar 50 años después de Daniel 2. Belsasar era el nieto de Nabucodonosor, y Daniel ya para entonces, era un hombre bastante mayor. Los cuatro vientos del cielo simbolizan un acto soberano de Dios, y el hecho de que estas bestias salen del mar nos dan una pista de que representan la maldad del Dominio Gentil (Isaías 57:20-21).
“La primera era como león, y tenía alas de águila. Yo estaba mirando hasta que sus alas fueron arrancadas, y fue levantada del suelo y se puso enhiesta sobre los pies a manera de hombre, y le fue dado corazón de hombre” (Daniel 7:4).
El símbolo de Babilonia era un león alado. Al convertirlo en un hombre se vuelve una representación de Nabucodonosor.
“Y he aquí otra segunda bestia, semejante a un oso, la cual se alzaba de un costado más que del otro, y tenía en su boca tres costillas entre los dientes; y le fue dicho así: Levántate, devora mucha carne” (Daniel 7:5).
El oso simboliza a la coalición Medo-Persa. A pesar de que Media era el socio mayor, Persia se convirtió en el más fuerte, lo cual se muestra por un costado más alto que el otro. Las tres costillas son las tres conquistas principales de Persia, Lidia en el año 546 a.C., Babilonia en el 539, y Egipto en el 525.
“Después de esto miré, y he aquí otra, semejante a un leopardo, con cuatro alas de ave en sus espaldas; tenía también esta bestia cuatro cabezas; y le fue dado dominio” (Daniel 7:6).
El leopardo es Grecia. Las cuatro alas representan la velocidad con la que Alejandro conquistó el mundo conocido. Solamente le tomó diez años lograrlo. Las cuatro cabezas son sus cuatro generales que tomaron el reino después de la muerte de Alejandro y lo dividieron entre ellos.
“Después de esto miraba yo en las visiones de la noche, y he aquí la cuarta bestia, espantosa y terrible y en gran manera fuerte, la cual tenía unos dientes grandes de hierro; devoraba y desmenuzaba, y las sobras hollaba con sus pies, y era muy diferente de todas las bestias que vi antes de ella, y tenía diez cuernos” (Daniel 7:7).
Esta bestia es tan espantosa y terrible que no se parecía en nada a algo que Daniel hubiera visto antes. Sus dientes de hierro recuerdan las piernas de hierro de Daniel 2:40. Roma era un poderoso imperio que no toleraba ninguna resistencia en su contra. Con la referencia a los diez cuernos de nuevo saltamos de la historia a la profecía, del antiguo imperio romano a su renacimiento en nuestros días.
“Mientras yo contemplaba los cuernos, he aquí que otro cuerno pequeño salía entre ellos, y delante de él fueron arrancados tres cuernos de los primeros; y he aquí que este cuerno tenía ojos como de hombre, y una boca que hablaba grandes cosas” (Daniel 7:8).
Aquí se encuentra el origen de uno de los títulos del anticristo, el cuerno pequeño. Observen que él no es uno de los diez cuernos originales, sino que sale de entre estos. Un cuerno indica autoridad, cuando se usa simbólicamente. Para mí esto quiere decir que el anticristo no comienza siendo parte del liderazgo oficial, sino que sale de un miembro insignificante de fuera del centro de poder, para deponer a tres de los líderes existentes y asumir la autoridad de estos. Si estoy en lo cierto, busque al anticristo que surge a escena sorpresivamente de un segmento previamente sin importancia del imperio, en vez de entre los líderes actuales. (Como un simple ejemplo hipotético, mire cuán rápido el presidente iraní, Mahmud Ahmadinejad ha surgido de su antigua y desconocida posición de alcalde de Teherán a una posición de prominencia mundial.)
Daniel vio a un ángel en su visión que también estaba observando las cosas. Cuando le preguntó sobre la cuarta bestia y el cuerno pequeño, recibió esta explicación: “La cuarta bestia será un cuarto reino en la tierra, el cual será diferente de todos los otros reinos, y a toda la tierra devorará, trillará y despedazará. Y los diez cuernos significan que de aquel reino se levantarán diez reyes; y tras ellos se levantará otro, el cual será diferente de los primeros, y a tres reyes derribará. Y hablará palabras contra el Altísimo, y a los santos del Altísimo quebrantará, y pensará en cambiar los tiempos y la ley; y serán entregados en su mano hasta tiempo, y tiempos, y medio tiempo” (Daniel 7:23-25).
Esta es obviamente una referencia a los tiempos del fin e incluye la duración de la gran tribulación de tres años y medio, durante la cual, el cuerno pequeño se adueñará del control de todo el mundo, quitándoselo a los diez reyes. Como Pablo lo confirmó después, él se exaltará a sí mismo sobre todo lo que se llama Dios o es objeto de culto (2 Tesalonicenses 2:4). Y como nos lo dice Apocalipsis 13:7, hará guerra en contra de los creyentes de la tribulación y los vencerá.
“Estuve mirando hasta que fueron puestos tronos, y se sentó un Anciano de días, cuyo vestido era blanco como la nieve, y el pelo de su cabeza como lana limpia; su trono llama de fuego, y las ruedas del mismo, fuego ardiente. Un río de fuego procedía y salía de delante de él; millares de millares le servían, y millones de millones asistían delante de él; el Juez se sentó, y los libros fueron abiertos” (Daniel 7:9-10).
Pero mientras que el anticristo consolida su poder en la tierra, un Gran Poder está poniendo en movimiento Su plan en el cielo. Se están trazando los lineamientos para la batalla culminante del Planeta Tierra. Los “millones de millones” que le asistían, pueden representar a los ejércitos angelicales. De esta manera Daniel describe una multitud que nadie podía contar, quizás sea una referencia a la iglesia que ha sido raptada. Juan tomó prestada esta ilustración para describir la escena ante el trono en Apocalipsis 5:11.
Observen los tronos en plural. Daniel estaba teniendo un vistazo del fin de los tiempos y mira una insinuación de los tronos de los 24 ancianos. Ninguna de las otras visiones en el Antiguo Testamento del trono de Dios, menciona estos tronos porque todo sucede en un tiempo real. Este pequeño vistazo es un argumento en contra de lo que algunos teólogos sostienen que los 24 tronos están ocupados por un orden no identificado de ángeles que son los que asisten a Dios en el gobierno del Universo. El hecho de que no aparecen en el Antiguo Testamento, pero sí lo hacen cuando el contexto es el fin de la era, implica que otro nivel de gobierno ha sido agregado desde la cruz. Y eso solamente puede ser la Iglesia.
“Yo entonces miraba a causa del sonido de las grandes palabras que hablaba el cuerno; miraba hasta que mataron a la bestia, y su cuerpo fue destrozado y entregado para ser quemado en el fuego. Habían también quitado a las otras bestias su dominio, pero les había sido prolongada la vida hasta cierto tiempo” (Daniel 7:11-12)
De vuelta en la tierra, la gran tribulación se resume en dos versículos.
“Miraba yo en la visión de la noche, y he aquí con las nubes del cielo venía uno como un hijo de hombre, que vino hasta el Anciano de días, y le hicieron acercarse delante de él. Y le fue dado dominio, gloria y reino, para que todos los pueblos, naciones y lenguas le sirvieran; su dominio es dominio eterno, que nunca pasará, y su reino uno que no será destruido”(Daniel 7:13-14).
Y, finalmente, la culminación de la historia humana. El dominio sobre el Planeta Tierra el cual Adán perdió por habérselo entregado a Satanás, ha sido recobrado por el Hijo de Dios, para nunca más perderlo. Él regirá y reinará con Su Iglesia para siempre.
Un período de la historia visto desde la perspectiva humana, como una bella estatua hecha de metales brillantes y preciosos, es descrita por Dios como en realidad lo es, una serie de bestias voraces que oprimen y devoran a la humanidad y se oponen a todo esfuerzo que Dios hace para liberarnos.
Ustedes y yo hemos llegado al final de todo esto. Nosotros no estuvimos presentes para ver su inicio como lo estuvo Daniel, pero de acuerdo a la descripción que nos dejó, estamos en mejor posición de poder reconocer nuestro mundo por lo que es, e identificar correctamente las señales que nos dicen que el fin está cerca. La próxima vez, si Dios quiere, veremos el capítulo 8 y otro modelo del anticristo.